Antimicrobianos

Antimicrobianos, un Tesoro en Peligro: 

Perspectivas para la Práctica Clínica Consciente

 

Cuando un paciente consulta porque un tratamiento anterior no funcionó o generó intolerancia, a menudo la discusión deriva en el uso de los antimicrobianos. Es crucial recordar que estas drogas son específicas para infecciones bacterianas. Esto nos obliga a una profunda reflexión sobre las eras que han marcado nuestra aproximación a las infecciones: la pre-antibiótica, la antibiótica y la post-antibiótica, y nuestro rol en la actualidad.

 

De la Piocianasa a la Penicilina: Un Legado de Descubrimientos Fortuitos y Dirigidos

La historia de los antimicrobianos es un testimonio de la serendipia y la visión científica. Desde los primeros intentos con la inestable piocianasa de Pseudomonas aeruginosa por Emmerich y Loew en 1889, hasta la conceptualización de la "bala mágica" de Paul Ehrlich, la búsqueda de un agente con selectividad de acción ha sido una constante.

 


El hito de Alexander Fleming en 1928, con el descubrimiento de la penicilina a partir de Penicillium, fue el catalizador de la Era Antibiótica . Posteriormente, la exploración metódica del suelo por Selman Waksman y René Dubós nos brindó la estreptomicina (de Streptomyces griseus) y la gramicidina (de Bacillus brevis), abriendo el camino para familias como los aminoglucósidos. La aparición de la cloromicetina (cloranfenicol) y la aureomicina (clortetraciclina) marcó el inicio de los antimicrobianos de "amplio espectro", aunque su toxicidad temprana limitó su uso. La eritromicina , la vancomicina y la vasta familia de las cefalosporinas (originadas del Cephalosporium acremonium), junto con las penicilinas semisintéticas como la meticilina y la ampicilina , y los sintéticos como la trimetoprima y las fluoroquinolonas, consolidaron un arsenal terapéutico sin precedentes.

 

La Resistencia: Una Carrera Contra el Tiempo y un Impacto Ecológico

Sin embargo, desde los albores de la era antibiótica, la resistencia microbiana surgió como un desafío insoslayable. El uso indiscriminado de penicilina desde sus inicios aceleró la aparición de cepas resistentes. La respuesta bacteriana fue y sigue siendo, como lo evidenció la resistencia de Staphylococcus aureus a la meticilina en 1961, mucho más veloz que nuestra capacidad de síntesis y desarrollo de nuevas drogas. Estamos en una competencia donde el desarrollo farmacéutico siempre está en desventaja temporal.

 

Nos encontramos de lleno en la Era Post-antibiótica , caracterizada por una meseta en el descubrimiento de nuevas familias de antimicrobianos. Los avances recientes se han centrado en agentes de nicho para patógenos multirresistentes (como Staphylococcus aureus resistente a meticilina, enterococos vancomicino-resistentes o Acinetobacter), especialmente en entornos de alta presión selectiva como las unidades de terapia intensiva.

 

El Valor de la Prudencia: Hacia un Futuro Sustentable del Antimicrobiano

Los antimicrobianos han modificado radicalmente nuestra respuesta a las infecciones, prolongando la expectativa de vida. Sin embargo, su eficacia está intrínsecamente ligada al uso que les demos. Su potencia ha perpetuado falacias que conducen a la automedicación para procesos banales ya "espirales empíricas" en la práctica clínica, alejándonos del diagnóstico etiológico y fomentando la ineficiencia y la resistencia.

 

Es imperativo reconocer que el uso de un antimicrobiano tiene un impacto dual:

 

·          Individuo: Como cualquier otra droga, ejerce un efecto terapéutico directo sobre el paciente.

 

·     Ecológico: Modifica la flora bacteriana natural del individuo y, por extensión, de la comunidad, seleccionando resistencia no solo para sí mismo sino para otros agentes relacionados. Cada prescripción condiciona la siguiente.

 

A esto se suma la alarmante realidad del no interés de la industria farmacéutica en la investigación de nuevos agentes para infecciones comunes, dada la baja rentabilidad frente a medicamentos para enfermedades crónicas. Además, el amplio uso en ganadería de antimicrobianos similares a los humanos exacerba la presión selectiva, contribuyendo globalmente a la resistencia.

 

Conclusión: Nuestro Rol Esencial

Los antimicrobianos son un tesoro que hemos tratado con una ligereza inaceptable. Limitar su uso a situaciones estrictamente necesarias es la única llave para transitar un camino que permita un futuro sostenible para el mayor descubrimiento terapéutico del siglo XX.

 

Nuestra responsabilidad como médicos jóvenes es crucial: debemos ser líderes en la concienciación y la implementación de programas de administración antimicrobiana. Esto implica un diagnóstico preciso, una prescripción racional (dosis, duración y espectro adecuado), y una educación constante a nuestros pacientes sobre el valor de estas drogas y los peligros de su mal uso.

 

El futuro de la eficacia antimicrobiana está en nuestras manos. Usemos este tesoro con la sabiduría que se merece.


Próximamente vamos a hablar del Uso Adecuado de Antimicrobianos. Comentá lo que pienses en este artículo

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