A pedido de una colega: Este es un tema donde la claridad y la precisión son un salvavidas para el paciente y el médico. La toxoplasmosis en el embarazo, con su danza de incertidumbre y la sobreinterpretación de los análisis, es un campo fértil para desmitificar.
Toxoplasmosis en el Embarazo: Cuando el "Positivo" Desata el Pánico (y No Debería)
Objetivo Central: Desarmar la "Bomba del Positivo"
En la consulta de control prenatal, hay un "fantasma" que a menudo genera más ansiedad que certezas: la toxoplasmosis. Cuando el resultado de ese análisis de rutina arroja un "positivo", parece que una sirena de alarma se enciende en la cabeza de muchos, llevando a derivaciones, tratamientos apresurados y una cascada de estudios innecesarios. Pero, ¿y si les dijera que, en la inmensa mayoría de los casos, ese "positivo" es en realidad una señal de tranquilidad?
Nuestro cometido es claro: Que el médico joven entienda que TOXOPLASMOSIS POSITIVA EN EL EMBARAZO NO ES SINÓNIMO DE ENFERMEDAD AGUDA Y NO SIEMPRE REQUIERE TRATAMIENTO. Y que el miedo a una enfermedad rara no los llevará a causar daño con tratamientos innecesarios y potencialmente tóxicos.
La Gran Confusión: Anticuerpos vs. Enfermedad Activa – ¡No Es Lo Mismo!
El meollo del asunto es una confusión fundamental: confundir la presencia de anticuerpos con una infección aguda. Es como si ver una foto vieja de un ladrón en la comisaría significara que está robando ahora mismo. ¡No! La mayoría de las veces, esos anticuerpos (especialmente la IgG) son los "diplomas" de una batalla pasada y ganada. Indican que esa mujer ya tuvo toxoplasmosis en algún momento de su vida, y por lo tanto, ¡está inmune!.
Imaginen: su paciente no está cursando la enfermedad aguda, ni es una reagudización. Simplemente, su cuerpo ha grabado al invasor (Toxoplasma gondii) y ha construido sus defensas. Esto significa que no necesita más controles exhaustivos, y mucho menos un tratamiento antiparasitario.
Lo he visto infinidad de veces: derivaciones para "decidir si tratar" a mujeres con serologías positivas. En todos mis años de práctica, he tratado solo dos casos que llegaron a mis manos con esa indicación inicial, y el desenlace fue revelador: ninguna de ellas había contraído la enfermedad aguda durante la gestación. ¿Quizás la placenta hizo su trabajo de barrera, o hubo errores diagnósticos en el camino? Lo cierto es que, a menudo, parece que "confirmamos o descartamos" el diagnóstico mirando solo los números del laboratorio, y nos olvidamos de mirar a la paciente, de escuchar su historia, de entender el contexto.
La Futilidad de la Repetición: "¡Si ya fue crónica, no contagio al feto!"
¿Para qué pedir el mismo análisis una y otra vez en embarazos subsiguientes si ya se confirma la cronicidad? Hay mujeres que han tenido 6 o 7 hijos, y en cada embarazo les repiten las pruebas de toxoplasmosis, siempre "toxo positivo". Es un círculo vicioso de ansiedad y gasto innecesario.
¡Colegas, el mensaje es claro: una toxoplasmosis crónica no genera parasitemia activa, y por lo tanto, no contagio al feto!. La inmunidad materna protegida. Insistir en pruebas y preocupaciones es no comprender este principio fundamental.
![]() |
Edouard Agneessens - Madre y Niño |
Cuando la Duda Persiste: El Ojo del Especialista (¡y no el frasco de antiparasitarios!)
A veces, la falta de claridad diagnóstica lleva a pedir "de más" o, peor, a no pedir lo que realmente se necesita. Si hay una duda genuina sobre una posible toxoplasmosis congénita, ¿saben qué es lo primero que se olvida? La derivación al oftalmólogo. Un simple fondo de ojo puede ser un oráculo: la presencia o evolución de una coriorretinitis característica puede ofrecer pistas invaluables para el diagnóstico definitivo. Pero no, se saltea ese paso y se va directo al frasco de la medicación.
![]() |
Coriorretinitis activa y grave por Toxoplasma gondii. dominio publico |
El Tratamiento: Cuando el Remedio Es Peor que la Enfermedad Fantasma
Y aquí llegamos a un punto álgido: la tendencia a indicar antiparasitarios ante títulos altos de anticuerpos, sin un diagnóstico certero de infección aguda. Se utiliza, por ejemplo, Rovamycine® (Espiramicina), un macrólido que se cree "seguro". Pero ¡sorpresa! La espiramicina no atraviesa la barrera placentaria de manera eficaz para el feto, aunque sí se concentra bien en la placenta. Es bastante discutible su utilidad en una infección fetal confirmada. Entonces, ¿para qué la estamos dando? ¿Para la tranquilidad del médico, o para un beneficio real del binomio madre-hijo?
El tratamiento realmente aceptado para la toxoplasmosis congénita confirmada es una combinación de pirimetamina y sulfadiazina. Y aquí viene mi confesión: en mis años de profesión, a la altura de mi experiencia, le tengo más miedo a los terribles efectos adversos de estos medicamentos (mielosupresión, por ejemplo) que a una enfermedad que, con un buen ojo clínico y diagnóstico, ¡casi nunca he tenido que tratar!
El Gran Conflicto: Diagnóstico vs. Tratamiento (y el Miedo al Error)
El corazón de este problema radica en un conflicto profundo: la dificultad para un diagnóstico preciso de toxoplasmosis aguda gestacional, y el miedo (comprensible, pero mal gestionado) a perder un caso. Esto lleva a una "hipermedicalización" de la tranquilidad.
Por eso, colega, los puntos extraídos de consensos y experiencia clínica, son tu brújula para desentrañar esta madeja. Buscaremos que la ciencia y el juicio clínico informados, y no el miedo, sean quienes prescriben. Queremos que comprendas de forma sencilla y didáctica cuándo actuar, cuándo observar, y cuándo, simplemente, decir: "Señora, está inmune. Su bebé está protegido. ¡Disfrute su embarazo!"
Desandando el Camino: Comprendiendo el Diagnóstico y Manejo
La toxoplasmosis es una zoonosis de distribución universal, generalmente asintomática y de muy bajo riesgo en personas inmunocompetentes. Más de un tercio de la población mundial está infectada. Es causado por el protozoario Toxoplasma gondii, adquirido por ingesta de alimentos contaminados (carne cruda o mal cocida con quistes tisulares, o agua/suelo contaminados con ooquistes de heces de gatos).
La toxoplasmosis congénita es prevenible. Ocurre cuando una mujer susceptible (sin anticuerpos previos) adquiere la infección durante el embarazo y hay transmisión placentaria. La infección materna suele ser subclínica, por lo que el diagnóstico se basa en pruebas serológicas.
Las manifestaciones en el feto varían según el momento y grado de lesión: coriorretinitis, ceguera, hidrocefalia, calcificaciones intracerebrales, epilepsia, retraso mental o psicomotor. La transmisión placentaria es más frecuente al final del embarazo (50-75% en el tercer trimestre vs. 15% en el primero). Sin embargo, la gravedad de la infección fetal es mayor cuanto menor es la edad gestacional en la que se adquiere.
El Tamizaje Serológico en la Embarazada: Claves para la Interpretación
La primoinfección genera inmunidad de por vida. Las mujeres con serología positiva previa al embarazo son inmunes y no requieren nuevos controles.
Para las mujeres susceptibles (seronegativas), se recomienda:
Una primera determinación serológica de IgG e IgM en las primeras 12 semanas de gestación. Esto es crucial para la interpretación de resultados.
Controles trimestrales hasta el parto si la serología inicial es negativa.
Categorías de Resultados y Acciones Clave:
IgG Negativa: Gestante susceptible. Educar sobre medidas preventivas (cocinar bien la carne, lavar frutas/verduras, usar guantes en jardinería, evitar contacto con heces de gato). Repetir IgG trimestralmente.
IgG Positiva (con IgG preconcepcional negativa): Seroconversión.
Indica infección reciente.
Iniciar tratamiento placentario (espiramicina).
Solicitar PCR en líquido amniótico después de la semana 20 de gestación para descartar infección fetal.
Si la PCR es negativa, continúe con la espiramicina. Si la PCR es positiva, inicie el tratamiento "pleno" (pirimetamina + sulfadiazina + ácido folínico).
IgG Positiva (sin IgG preconcepcional conocida): Paciente inmune o infección reciente.
Solicitar IgG dos semanas después y IgM (en la misma muestra preferiblemente, también solicitada como en muestras pareadas).
Si IgG estables e IgM negativa : Infección pasada (inmune). No requiere tratamiento ni más controles.
Si IgG se duplican e IgM es positiva : Infección reciente confirmada. Iniciar tratamiento placentario y solicitar PCR en líquido amniótico.
Si IgG se duplican e IgM negativas: Solicitar IgA y nueva IgM (y prueba de avidez para IgG). Si son positivos, inicie tratamiento placentario y PCR en líquido amniótico.
IgG Negativa e IgM Positiva:
Repetir examen a las 3 semanas.
Si IgG se positiviza : Toxoplasmosis reciente. Justificado tratamiento placentario y diagnóstico prenatal.
Si IgG persiste negativa: Se excluye la infección por Toxoplasma (excepto en inmunosuprimidos, donde se justifica tratamiento placentario y diagnóstico prenatal).
El Laboratorio: Herramientas para Desentrañar el Misterio
El diagnóstico de laboratorio se basa principalmente en métodos indirectos (detección de anticuerpos).
Sabin-Feldman: La prueba de referencia, con mayor sensibilidad y especificidad. Se positiviza ~1 semana post-infección, títulos máximos en 4 semanas. Negativa, excluye toxoplasmosis.
IFI (Inmunofluorescencia Indirecta) anti-IgG: Buena concordancia con Sabin-Feldman.
EIA (Enzimoinmunoensayo) anti-IgG: Muy usadas por automatización.
IgM (IFI anti-IgM, EIA IgM): Marcador de fase aguda, pero pueden persistir positivos meses o años. Su ausencia es un fuerte indicador de no infección reciente.
¡Ojo con interferencias! Altos títulos de IgG, factor reumatoideo o factor antinuclear pueden dar falsos positivos/negativos.
Técnicas de Inmunocaptura (ISAGA, DS-ELISA): Preferibles para IgM por mayor sensibilidad y especificidad.
IgA (ISAGA): También marcador de fase aguda, pero desaparece más rápidamente que IgM (6-9 meses).
Avidez de IgG: Herramienta clave. IgG de baja avidez indica infección temprana (primeros 3-5 meses); alta avidez prácticamente excluye infección aguda reciente. ¡Muy útil en el primer trimestre!
PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa): Detecta ADN del parásito en líquido amniótico o sangre de cordón. Alta sensibilidad (97% en líquido amniótico) y especificidad. No está estandarizado y puede dar falsos positivos/negativos. Indicada en infección aguda materna confirmada, no en dudas diagnósticas.
Aislamiento del parásito (inoculación en ratón/cultivo celular): Diagnóstico definitivo, pero complejo y reservado para laboratorios de referencia.
¡Es VITAL el diálogo entre el médico clínico y el bioquímico del laboratorio! Solo con esta comunicación fluida se puede dar la valoración correcta a los resultados.
Diagnóstico de Infección Fetal y Congénita: La Mirada al Bebé
Ecografía Obstétrica de Alta Resolución: Fundamental para buscar signos de daño fetal (hidrocefalia, calcificaciones intracerebrales, hepatoesplenomegalia, RCIU, etc.).
Recién Nacido (RN) al nacer: Evaluación clínica completa (buscar signos como coriorretinitis, hidrocefalia, hepatoesplenomegalia, ictericia, exantema).
Serología del RN (sangre venosa periférica, nunca de cordón):
IgG: Si solo hay IgG, y van disminuyendo hasta negativizarse entre los 6-12 meses, es IgG materna transferida pasivamente (RN no infectado). Si persisten más allá de 12 meses o aumentan, sospechar infección congénita.
IgM o IgA: Su presencia en sangre del RN (que no atraviesan la placenta) es indicio de infección prenatal. Las técnicas de inmunocaptura (ISAGA) son las más adecuadas.
PCR en muestras del RN (sangre, orina, LCR): Especialmente útil si IgM/IgA son negativas. Su positividad confirma el diagnóstico.
Tratamiento: Navegando Aguas Turbulentas (con Precaución)
La opinión unánime es que los tratamientos deben ser indicados, iniciados y controlados por un médico especialista.
Tratamiento Placentario (Infección materna confirmada, sin infección fetal):
Espiramicina: 9 MUI/día divididas en 3 dosis, hasta el parto.
¿Por qué Espiramicina? Se concentra bien en la placenta (hasta 4 veces los niveles séricos maternos), minimizando la transmisión al feto. Su toxicidad es mínima y no es teratogénica. Sin embargo, ¡cuidado! Estudios recientes (aunque no ensayos clínicos aleatorizados doble ciego) sugieren que la espiramicina no reduce la tasa de transmisión fetal, aunque sí podría reducir las secuelas graves si se inicia muy precozmente. La evidencia sobre su eficacia es "poco firme".
Tratamiento Pleno (Infección fetal comprobada por PCR o aislamiento):
Antes de la semana 20 de gestación: Se prefiere espiramicina (por el riesgo de teratogénesis de la pirimetamina/sulfadiazina).
A partir de la semana 14-18 (segundo y tercer trimestre): Pirimetamina + Sulfadiazina + Ácido Folínico.
Pirimetamina: Inhibe la dihidrofolato reductasa (del parásito y, en menor medida, del mamífero). ¡De ahí la necesidad de Ácido Folínico para evitar la mielosupresión!.
Sulfadiazina: Análogo del PABA, inhibe la síntesis de ácido fólico en el parásito.
Esta combinación es la más efectiva para el Toxoplasma, pero no erradicar los quistes tisulares, solo actúa sobre los taquizoítos (formas activas).
Efectos Adversos (¡Temibles!): Mielosupresión (trombocitopenia, neutropenia, aplasia medular), reacciones alérgicas (erupciones, vasculitis), toxicidad hepática y cutánea. ¡Siempre con control estricto del hemograma!
Esquemas alternativos: Algunos alternan el triple esquema con espiramicina para disminuir la toxicidad. La clindamicina es una alternativa para alergia a sulfas, pero sin estudios de eficacia en embarazo/RN.
Duración: En RN sintomáticos o con infección confirmada, el tratamiento se mantiene por un año. Ante el compromiso de SNC, agregue corticoides. La tendencia actual es a prolongar el tratamiento más allá del primer año para reducir secuelas oculares.
Infección no evaluable: Si IgG e IgM son positivas después de la semana 20 sin historia preconcepcional, la ecografía de alta resolución es clave. Ante daño fetal, inicie el tratamiento pleno. Si la ecografía es normal, el especialista determinará la necesidad de tratamiento.
¡Fundamental! Los controles serológicos periódicos durante el tratamiento de una embarazada carecen de valor y no deben indicarse. La respuesta al tratamiento se valora por la evolución clínica y, en el recién nacido, por la negativización de las IgG maternas a lo largo del tiempo o la persistencia de IgM/IgA/IgG del bebé.
Prevención: El mejor escudo
Dadas las complejidades diagnósticas y la toxicidad de los tratamientos, la medida más importante es la prevención primaria.
Recomendaciones para la gestante susceptible:
Lavado de manos meticuloso (antes de comer, después de manipular carne cruda o vegetales frescos, después de jardinería).
Consumir carne bien cocida (>66°C), ahumada o curada en salmuera; o previamente congelado (-20ºC, 24h).
Lavar y desinfectar frutas y verduras que se consumirán crudas.
Limpieza de superficies y utensilios de cocina que tuvieron contacto con carne cruda.
Evitar el contacto con excretas de gato (los ooquistes son infectantes a partir de las 36h). Si se tienen gatos, limpie la caja diariamente con guantes y lave las manos.
Reflexión final:
Colegas, la toxoplasmosis en el embarazo es un laberinto donde la calma y el conocimiento son vuestros mejores aliados. No permitamos que el pánico de un "positivo" en un laboratorio desate una cascada de intervenciones innecesarias y potencialmente dañinas. Aprendan a leer la historia de los anticuerpos, a valorar el contexto clínico de la paciente, ya apoyarse en los especialistas y el laboratorio cuando la duda sea real y justificada. Nuestro objetivo es proteger la salud del binomio madre-hijo con sabiduría y no con miedo. ¡Confíen en su juicio clínico y en la evidencia!
Comentarios
Publicar un comentario
Haz las preguntas concretas con los temas tratados. Para otras preguntas o dudas usar el correo electrónico gsmilasky@gmail.com