Uso Adecuado de Antimicrobianos - 1

 

El Arte de Prescribir: Cuando la Duda Te Acecha, la Sabiduría Te Salva

 

 

Recuerdo mis primeros pasos, esa sensación de vértigo frente al paciente. ¿Será una bacteria? ¿Será un virus? Y, admitámoslo, esa voz interna que a veces susurraba: "Si receto uno, me cubro... si receto dos, ¡me cubro el doble!". Esa "fiebre por recetar" nos ha acompañado a todos, ¿verdad?

Es hora de hablar de nuestros poderosos amigos: los antimicrobianos (esos que la gente llama "antibióticos", un término que en su poesía, "anti-vida", nos recuerda su fuerza, pero en ciencia, es más específico).

 

¿"Antibiótico" para Todo? ¡Un Mito con Fecha de Vencimiento!

La historia nos ha legado la leyenda del antibiótico como una panacea: eficaces, seguros, casi mágicos. Y esa leyenda, colega, nos ha llevado a una sobreutilización brutal. Hemos pasado de usarlos para salvar vidas en infecciones graves, a recetarlos casi por reflejo para un catarro, una tos... como si fuera la poción universal.

 

¿El problema? Muchas de esas infecciones (especialmente las virales, como un simple resfrío) son como nubes de verano: vienen, hacen ruido y se van solas. No necesitamos de nuestros valientes antimicrobianos. Imaginen que en Estados Unidos se calculó que si solo fuéramos sensatos con las infecciones respiratorias altas, ¡reduciríamos el consumo de antimicrobianos en un 40%! Piensen en ese número...

 

El ABC del Uso "Apropiado": Menos es Más (y Mejor)

Aquí entra en juego el mantra del uso apropiado de antimicrobianos. No es solo elegir el bicho (el espectro), sino también:

 

·         Usarlo solo cuando de verdad hace falta

·         En la dosis justa

·         Y por el tiempo exacto

 

Por el contrario, el uso inapropiado es el caos: demasiados pacientes reciben drogas que no necesitan, a menudo de amplio espectro (como querer matar una mosca con una bazooka), por la vía incorrecta, dosis erradas o por un tiempo excesivo. ¡Y aquí es donde la magia se convierte en pesadilla!

 

La Resistencia: La Venganza de los Microbios Sabios

Cada vez que usamos un antimicrobiano sin ton ni son, es como darle un gimnasio a las bacterias. Se ponen más fuertes, más inteligentes. Desarrollan resistencia. Es una "densidad de selección" - ¡mientras más los usamos, más resistentes se vuelven! Y no solo para esa bacteria, sino para otras.

 

Nuestra misión es clara: donde hay que poner el ojo y el bisturí es en el uso inapropiado. Ahí es donde la educación (la nuestra, la del público, ¡la de todos!) es nuestra arma más potente. Iniciativas como la de APUA (Alianza para el Uso Prudente de los Antibióticos) nos muestran el camino.

 

¿Sabían que hasta el 50% de las indicaciones de antimicrobianos en consultorios externos son incorrectas? Y las farmacéuticas lo saben, por eso insisten en promocionarlos para resfríos... ¡Es una batalla cultural!

 

Magia, Cultura y el "Síndrome de Prescripción Compulsiva"

Nuestro querido maestro, el Dr. Francisco Maglio , hablaba de la magia en la medicina. Esa tendencia a hacer cosas sin entenderlas, con la esperanza de que funcionen. Y en los antimicrobianos, es pura magia:

 

·         "Este paciente está grave, ¡yo me cubro con una cefalosporina de tercera generación!" (¿Y si no es una bacteria? ¿Y si es otra?).

·         "¡Dáselo endovenoso que es más fuerte!" (A veces, la vía oral es igual de efectiva y más segura).

·         "Dos antimicrobianos es mejor que uno, ¡y tres mejor que dos!" (¡Error! Más no siempre es mejor; a menudo, es peor).

 

Esta "magia" no la vemos con otras drogas. Nadie dice "me cubro con dopamina" o "dos corticoides son mejor que uno". ¡Pero con los antimicrobianos, sí! Esto es un verdadero "síndrome de prescripción compulsiva" .

 

Y luego está la cultura. Vivimos en una sociedad de "consumo de antimicrobianos". Las "3 P": Paciente (que lo exige), Pariente (que lo pide) y Prospecto (que promete). Como decía William Osler: "lo que más diferencia al hombre de los animales es su afán de tomar remedios".

 

Nuestra Carta de Navegación: ¡Seamos Pilotos, No Pilotos Automáticos!

Jóvenes colegas, el camino es claro:

 


¿Necesita este paciente un antimicrobiano? ¿Ahora? ¿Por qué?

 

Paren la pelota. ¿Es realmente bacteriano? Las colonizaciones (microbios que "viven" con nosotros sin causar daño) no se tratan. Evitemos esa "prescripción refleja".

 

Evalúen con lupa. Pregúntense: ¿Qué beneficio real tendrá este paciente al inicio inmediato de esta droga? Seamos detectives, no "bomberos" que tiran agua sin saber dónde está el fuego.

 

¿Cuál es el antimicrobiano más apropiado? ¡Consulta la guía!

 


No están solos en esto. Los hospitales tienen guías de tratamiento. Consideran la epidemiología local (qué bichos andan y cómo responden).

 

Usemos la evidencia y la inteligencia colectiva.

 

¡Sean precisos con la dosis! Como un reloj suizo.

 

La dosis no es "a ojo". Depende del tipo de infección, el foco y las circunstancias del paciente (¡ojo con el riñón!).

 

La dosis inicial (de carga) no se toca si hay insuficiencia renal, pero las siguientes sí. ¡Un relojero no olvida los engranajes!

 

¿Quién es el culpable? ¡Tomen muestras ya!

 


Antes de iniciar o cambiar el tratamiento, ¡obtengan las muestras microbiológicas! (hemocultivos si hay signos de sepsis, etc.).

 

Las pruebas se pierden con el tiempo. Es la clave para luego ajustar el tratamiento como un sastre, ¡hacerle un traje a medida al bicho!

 

Piloteen el tratamiento: ¡Nada de piloto automático!

 


Desde el día uno, escriban en la historia clínica la indicación y la duración prevista. Esto nos obliga a pensar ya los que nos siguen, a entender.

 

Reevalúen cada 24-48 horas. Es un tratamiento dinámico. Ajusten dosis, afinen el espectro y decidan la duración. No se "casen" con la primera indicación.

 

¡Ajusta el traje a la medida!

 


Cuando tengan los resultados del laboratorio, ajusten el espectro. Ni más ni menos.

 

Sabemos que mantener el tratamiento inicial parece "menos arriesgado", pero exponer al paciente a un antimicrobiano innecesario aumenta efectos adversos y la resistencia. ¡Sean valientes!

 

De la vena a la boca: ¡Pasen a vía oral y retiren la vía!

 


Si el paciente mejora y el fármaco lo permite, pasen a vía oral . Es más seguro, disminuye las infecciones asociadas a catéteres y acorta la internación. ¡No dejen la vía por inercia!

 

Traten solo el tiempo necesario: ¡Ni menos, ni más!

 


La tendencia es a prolongarse. Seamos estrictos con la duración. La evidencia es clave. No es "por costumbre" ni por "falsa sensación de seguridad".

 

Para algunas infecciones (como las bacteriemias por S. aureus), el tiempo es sagrado (¡4 semanas si hay lesiones metastásicas, no 10-14 días!).

 

Un tesoro para el futuro

Si entre todos contribuimos a usar los antimicrobianos de forma inteligente, si los tratamos como el tesoro que son, no solo obtendremos los mejores resultados para nuestros pacientes de hoy, sino que aseguraremos que sigamos siendo una herramienta vital para las generaciones futuras. ¡Para nosotros, para nuestros hijos, para los hijos de nuestros hijos!



 


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