Pruebas de Sensibilidad Antifúngica

 

 Pruebas de Sensibilidad Antifúngica

Guía de Conceptos Esenciales para el Médico del Mañana

 


Introducción: Anticipar el Cambio Tecnológico

Quienes nos formamos en una era donde la tomografía computada, la resonancia magnética o la propia inteligencia artificial parecían ciencia ficción, entendemos perfectamente que la práctica médica no es estática. Hoy en día, el aumento exponencial de pacientes inmunocomprometidos, críticos o bajo terapias biológicas ha disparado la prevalencia de micosis invasivas, acompañadas por la aparición de cepas con alarmantes perfiles de resistencia (como Candida auris o Aspergillus fumigatus resistente a azoles).

Aunque las limitaciones presupuestarias locales restrinjan el acceso inmediato a estas tecnologías en los laboratorios convencionales, las nuevas generaciones de médicos deben comprender los fundamentos de las pruebas de sensibilidad para guiar de forma racional las terapéuticas del futuro.

 

Métodos Fenotípicos: ¿Cómo Mide el Laboratorio la Sensibilidad?

A diferencia de los antibiogramas bacterianos tradicionales, los antifúngicos miden la actividad en vitro principalmente a través de métodos fenotípicos estandarizados por comités internacionales como el CLSI y el EUCAST. El resultado principal es la Concentración Inhibitoria Mínima (CIM), que es la concentración más baja del fármaco capaz de frenar el desarrollo del hongo.

Los formatos disponibles en la práctica médica internacional incluyen:

  • Microdilución en Caldo (Estándar de Oro): Utiliza bandejas de 96 pocillos donde el hongo se expone a diluciones progresivas del fármaco. Existen versiones comerciales colorimétricas (como YeastOne) que añaden un tinte que cambia de color (de azul a rosado) según la actividad metabólica de las células, facilitando enormemente la lectura visual.
  • Difusión por Gradiente (Etest): Consiste en tiras plásticas impregnadas con un gradiente creciente del antifúngico que se colocan sobre placas de agar. La CIM se lee directamente en la intersección de la zona elíptica de inhibición con la tira. Presenta excelente correlación en levaduras, pero su reproducibilidad cae en la evaluación de ciertos mohos como los Mucorales.
  • Sistemas Automatizados (Vitek 2): Permiten la identificación de especies de levaduras y la realización de pruebas de sensibilidad de forma automatizada. Tienen la limitación de que no sirven para mohos y se han reportado fallas específicas, como la entrega de falsos positivos de resistencia a la anfotericina B frente al patógeno emergente Candida auris.

 

Los Puntos de Corte y la Trampa de los "Endpoints"

Un error conceptual frecuente entre los residentes es asumir que los puntos de corte para clasificar a un hongo como "Susceptible" o "Resistente" son universales. La realidad biológica es más compleja:

  • Variabilidad por Especie: Desde el año 2012, los puntos de corte del CLSI dejaron de ser generales para convertirse en específicos para cada hongo y cada fármaco. No se puede extrapolar la sensibilidad de Candida albicans a Candida glabrata.
  • Inhibición Parcial (CIM al 50%): A diferencia de las bacterias o de la anfotericina B (donde se busca la inhibición del 100% del crecimiento), las pruebas para azoles y equinocandinas en levaduras se leen al 50% de inhibición. Esto genera un fenómeno visual llamado trailing  (turbidez persistente en pocillos con altas dosis del fármaco) que los técnicos inexpertos malinterpretan como resistencia, cuando clínicamente no afecta el éxito terapéutico.
  • Concentración Efectiva Mínima (CEM): Las equinocandinas no frenan el crecimiento de los mohos (Aspergillus), sino que inhiben la enzima sintasa del componente (1,3)-D-glucano solo en los extremos de las hifas. Por ende, no se mide la ausencia de desarrollo, sino un cambio morfológico (hifas cortas, robustas y anormalmente ramificadas). Este punto se denomina CEM y posee una alta variabilidad entre laboratorios.

 

Valores Epidemiológicos de Corte (ECV): Navegar en la Ausencia de Breakpoints

Para la gran mayoría de los mohos que causan micosis graves, los comités científicos no han establecido puntos de corte clínicos debido a la falta de estudios en humanos que correlacionen de forma lineal el número de la CIM con la cura del paciente.

Frente a este vacío, la herramienta moderna indispensable es el uso de los Valores Epidemiológicos de Corte (ECV o ECOFF):

  • Los ECV no definen si el hongo se va a curar o no; discriminan estadísticamente entre cepas de tipo salvaje (Wild-Type) y cepas de tipo no salvaje (Non-Wild-Type).
  • Si el hongo aislado tiene una CIM por encima del ECV, significa que el microorganismo adquirió un mecanismo de resistencia y, por lo tanto, es prudente evitar el uso de esa familia de antifúngicos, orientando la estrategia clínica hacia otras opciones terapéuticas.

 

Resistencia Intrínseca: Escenarios donde la Prueba es Innecesaria

El médico del mañana debe saber que existen perfiles de resistencia innata tan absolutos que vuelven totalmente innecesaria e injustificada la realización de una prueba de sensibilidad:

Antifúngico

Hongos con Resistencia Intrínseca Demostrada

Fluconazol

Candida krusei, especies de Rhodotorula, especies de Aspergillus, Lomentospora prolificans y el orden de los Mucorales.

Equinocandinas

Géneros de Cryptococcus, Rhodotorula, Trichosporon y el orden de los Mucorales.

Voriconazole

El orden de los Mucorales y las especies del género Rasamsonia.

Polienos (Anfotericina B)

Purpureocillium lilacinum y Lomentospora prolificans. (Tampoco se recomienda guiar conductas con anfotericina B frente a Aspergillus terreus o Candida lusitaniae debido a las elevadas tasas de fracaso clínico in vivo).

 

Conclusión y Futuro de la Micología Clínica

Aunque el diagnóstico microbiológico actual se apoye casi con exclusividad en métodos fenotípicos de lectura lenta debido a los tiempos de incubación requeridos por los hongos (de 24 a 96 horas), la transición hacia técnicas moleculares de PCR en tiempo real e identificación de mutaciones genéticas específicas (como las mutaciones en los genes FKS para equinocandinas o CYP51A para azoles) está marcando la agenda de la infectología global. Preparar a los cuadros médicos jóvenes en la lógica de la farmacodinamia micológica es una obligación ética para asegurar tratamientos precisos cuando las condiciones de nuestro entorno finalmente se adapten al cambio tecnológico.


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