Infecciones Asociadas a Prótesis: La Guerra Silenciosa en el Hueso
Por Gustavo
Smilasky: con la sabiduría de quien ha visto la batalla de cerca, desde las
trincheras del consultorio
Introducción: Un Sueño Roto y un Dolor Persistente
Estimados colegas
jóvenes, futuros cirujanos, ortopedistas, internistas y, sí, también
infectólogos:
¿Alguna vez han
visto la cara de un paciente cuya prótesis articular, esa maravilla de la
ingeniería que le devolvió la movilidad, se ha infectado?
Es la frustración
hecha persona. Es el sueño de una vida sin dolor que se convierte en una
pesadilla de dolor crónico, fístulas persistentes y una cascada de
reintervenciones.
Mi trabajo,
durante años, ha sido intentar evitar esta catástrofe. Estuve en las instituciones
de salud, pregonando la prevención de las infecciones asociadas a dispositivos.
Hablaba de la profilaxis antibiótica, de no dejar a los pacientes esperando
demasiado antes de la cirugía para evitar que se "contaminen" con
esos bichos hospitalarios tan indeseables. Pero, seamos honestos, a menudo
fallaba. ¿Por qué?
Razones hay de
sobra: la odisea para conseguir las prótesis, el dilema de "cómo voy a dar
de alta al abuelito si no tiene quién lo cuide en casa", la falta de
diagnóstico de infecciones a distancia, ¡especialmente en diabéticos que
parecen un rompecabezas!, y un largo etcétera.
Y luego viene la
otra parte de mi batalla: el tratamiento y seguimiento de esos pacientes, con
prótesis puestas o ya extraídas, con la infección confirmada o esa sospecha que
te carcome. Habitualmente, me llegan al consultorio con tratamientos mal
indicados, fallas a repetición. Y como verán en la literatura, a veces tan
antigua, ¡pero tan vigente en sus problemas!, las fallas persisten porque, en
la vorágine de la medicina, no se cuidan ciertos detalles.
Hoy, nos
sumergiremos en el complejo mundo de la osteomielitis crónica y las infecciones
asociadas a prótesis articulares. Hablaremos de cuándo sospecharlas, qué bichos
las causan, cómo combatirlas con antibióticos y, crucialmente, cuándo esa
prótesis debe salir. Y al final, les compartiré una estrategia "fuera de
la caja" que he desarrollado en mi consultorio para esos casos que no se
rinden.
La Anatomía de la Persistencia: Comprendiendo la Osteomielitis Crónica
La osteomielitis
es, en esencia, una inflamación infecciosa del hueso. Pero aquí nos enfocaremos
en la osteomielitis crónica (OMC). ¿Qué la define? No es un evento agudo, sino
una enfermedad que se arrastra meses o años. Se instala tras un traumatismo
importante, una cirugía o, a menudo, como consecuencia de un tratamiento
inadecuado de una infección aguda. Su seña de identidad: drenaje crónico (la
famosa fístula), dolor persistente e impotencia funcional de la extremidad
afectada.
¿Por qué crónica? La "fortaleza" del secuestro y el involucro.
Cuando las
bacterias llegan a un hueso mal vascularizado, como en la metáfisis, los
macrófagos, nuestros defensores, no pueden acceder. Se forma un exudado que
presiona, y la trombosis de los vasos ¡crea una zona de hueso necrosado! Esto
se llama secuestro. El cuerpo intenta reparar, creando hueso
nuevo alrededor, un "envoltorio" llamado involucro. El
problema es que el secuestro es una fortaleza inexpugnable para los
antibióticos y las defensas del cuerpo. La infección se esconde allí, esperando
el momento para reactivarse.
El principal
agente es nuestro viejo conocido, Staphylococcus aureus. Pero
también pueden aparecer H. influenzae y otros Gram negativos.
Clínica: El Relato de la Persistencia
En la OMC, los
signos inflamatorios agudos (rubor, eritema) dan paso a una deformidad y una
supuración piogénica crónica, siendo la fístula una característica cardinal. El
dolor suele ser menor, a menos que haya una fractura patológica o una
reactivación. Los síntomas sistémicos (fiebre, leucocitosis) son menos
frecuentes en las formas crónicas.
Infecciones Asociadas a Prótesis Articulares: La Traición del Cuerpo Extraño
La inserción de
una prótesis articular es uno de los grandes avances de la medicina, pero
también crea una vulnerabilidad. Estas infecciones (IPJ, por sus siglas en
inglés) son una complicación poco común (0.5-7% según el tipo de cirugía), pero
devastadora, con una morbilidad significativa y costos altísimos.
¿Cómo llegan los intrusos?
La mayoría de las
veces, la contaminación ocurre durante la propia cirugía (60%). Las bacterias
de la piel del paciente o del personal de quirófano, o incluso patógenos
aerotransportados, encuentran una oportunidad. Pero también pueden llegar por
vía hematógena (desde una infección a distancia, ej., urinaria, dental,
cutánea) o por contigüidad (desde una celulitis cercana).
El "Biofilm": La Armadura Invisible del Enemigo.
Una vez que la
prótesis está dentro, se recubre rápidamente de una capa de glicoproteínas del
huésped. Esta capa se convierte en el "adhesivo" perfecto para las
bacterias. Y aquí es donde la magia negra ocurre: las bacterias se adhieren y
forman una comunidad compleja, una verdadera fortaleza pegajosa llamada
biofilm. Dentro del biofilm, las bacterias están protegidas. Crecen lentamente,
están en un ambiente con poco oxígeno, y sus propiedades se alteran (tolerancia
fenotípica), haciéndolas ¡hasta 500-1000 veces más resistentes a los
antibióticos y a las defensas del cuerpo!. Es como un escudo impenetrable.
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Biofilm de Staphylococcus aureus |
Clasificación por Tiempo de Aparición:
Tempranas (<1
mes postoperatorio): Contaminación en quirófano.
Retrasadas (1-6
meses): Contaminación en quirófano, pero de baja virulencia, con clínica
insidiosa.
Tardías (>6
meses): Generalmente por diseminación hematógena desde un foco a distancia.
Los Culpables Más Comunes:
Los estafilococos
son los reyes. El 75% de los casos son por cocos Gram positivos, con un
predominio aplastante de estafilococos (60%):
Staphylococcus
coagulasa negativo (SCN): ¡El más frecuente (30-43%)! A menudo de baja
virulencia, pero un problema por su capacidad de formar biofilm.
Staphylococcus
aureus (SASM o SARM): También muy común (12-25%) y más virulento. El SARM
(meticilino resistente) es un desafío añadido.
Gram negativos
(10-15%), Streptococcus y Enterococcus (10-15%), y anaerobios como
Propionibacterium acnes (5%) también aparecen. ¡Y ojo! hasta el 10-15% de los
cultivos pueden ser negativos, ¡un verdadero fantasma!.
Clínica: El Dolor es Rey, la Fiebre es Rara.
El síntoma
principal es el dolor, que ocurre en más del 90% de los pacientes. Puede ser
difícil de distinguir del aflojamiento aséptico (el dolor por infección suele
ser más constante e intenso). Los signos inflamatorios locales (hinchazón,
calor, enrojecimiento) y la fístula (un trayecto que drena pus) son muy
sugestivos. La fiebre, sin embargo, es sorprendentemente infrecuente (en menos
de la mitad de los casos), especialmente en infecciones tardías o por gérmenes
poco virulentos.
El Diagnóstico: Una Cacería de Pistas Escondidas
El diagnóstico es
complejo y requiere un alto índice de sospecha. No es tan directo como en una
celulitis común.
Laboratorio: Los marcadores de
inflamación (VSG y PCR) son útiles para el seguimiento, pero no son
específicos. Pueden estar elevados por la propia cirugía o por otras causas, o
ser normales en la OMC. La leucocitosis es infrecuente.
Imágenes:
Radiografía
simple: Puede ser normal en las primeras semanas. Signos como radiolucencia
alrededor de la prótesis o reacción perióstica tardan en aparecer y pueden
confundirse con aflojamiento aséptico.
Gammagrafía ósea (con Tecnecio,
Galio o Leucocitos marcados): Útil para detectar inflamación, pero con baja
especificidad, especialmente en el primer año post-cirugía. Una gammagrafía
normal/negativa, sin embargo, tiene un alto valor predictivo negativo para
infección.
TC y RMN: Útiles para ver
el hueso y tejidos blandos y descartar colecciones, pero los artefactos
metálicos de la prótesis pueden limitar su utilidad.
PET/CT con FDG: Una de las
técnicas más prometedoras, con alta sensibilidad, aunque aún en desarrollo para
este uso específico.
El Oro en Polvo:
Muestras Microbiológicas Directas:
El cultivo de
líquido sinovial o tejido periprotésico obtenido mediante punción articular
(guiada por imagen, si es profunda como la cadera) o durante la cirugía es el
estándar de oro.
¡Crucial!
Suspender antibióticos al menos 2 semanas antes de tomar las muestras para
evitar falsos negativos.
No cultiven
frotis de fístulas o heridas superficiales; ¡la contaminación de la piel es
alta!.
El recuento
celular en líquido articular (>1.700 leucocitos/mm³ o >65% PMN) es altamente
sugestivo.
Histopatología
del tejido periprotésico: Más de 5-10 PMN por campo de alta magnificación es
un fuerte indicador de infección.
Nuevas técnicas (PCR, sonicación
de la prótesis): Permiten aumentar la sensibilidad del diagnóstico, detectando
ADN bacteriano o liberando bacterias del biofilm.
El Tratamiento: Un Desafío en Dos Frentes, Médico y Quirúrgico
El manejo de las
infecciones de prótesis es un enfoque multidisciplinario que casi siempre
combina cirugía y antibióticos prolongados. El objetivo: erradicar la
infección, preservar hueso y mantener la función.
La Cirugía: Cuando la Remoción es la Solución
Desbridamiento
con retención de la prótesis: Se intenta en infecciones precoces, primeras semanas o hasta 3 meses post-cirugía, si la prótesis está estable,
los tejidos blandos están bien y el patógeno es susceptible. El éxito disminuye
a medida que el biofilm "envejece". Requiere desbridamiento
exhaustivo y cambio de polietileno.
Recambio de
prótesis (en uno o dos tiempos): Es el estándar de oro para la mayoría de las
infecciones crónicas.
Dos tiempos (el más usado):
Se retira la prótesis infectada, se coloca un espaciador de cemento con
antibióticos, se dan 6 semanas de antibióticos sistémicos, y luego se coloca
una nueva prótesis. Tasas de curación >90%.
Un tiempo: Menos común, se
retira la prótesis y se implanta una nueva en la misma cirugía. Requiere
condiciones quirúrgicas óptimas y microorganismos poco virulentos.
Extracción de la
prótesis sin reemplazo (artrodesis, Girdlestone, amputación): Opciones para
casos severos, fallas de recambio, o pacientes que no toleran cirugías
complejas.
La
Antibioticoterapia: Una Estrategia de Asedio Prolongado
Vía: Iniciar IV para
alcanzar altas concentraciones en hueso, luego pasar a oral con dosis elevadas.
Duración: ¡Prolongadísima!
Al menos 6 semanas si se retira la prótesis, y más de 3 meses (o incluso de por
vida) si se intenta conservar. La OMC puede recurrir años después de un tratamiento
"correcto".
Elección Empírica: Basada en la
epidemiología local y el riesgo. Vancomicina o Teicoplanina o Linezolid para
cubrir SAMR y estafilococos coagulasa negativos. Si se sospechan Gram
negativos, agregar cobertura (ej., cefepime, piperacilina-tazobactam, ciprofloxacino).
Elección Dirigida (con cultivos):
Crucial. Se ajusta según el antibiograma.
Rifampicina: La Clave contra
el Biofilm. Considerada el antibiótico de elección para estafilococos en
infecciones de prótesis por su actividad en fase estacionaria y su capacidad de
penetración en biofilms. ¡PERO JAMÁS SOLA! Siempre en combinación (ej., con
fluoroquinolonas como Ciprofloxacina o con tetraciclinas) para evitar el desarrollo rápido de
resistencia.
Linezolid: Buena actividad
contra estafilococos (SARM y SCN), excelente biodisponibilidad oral y alta
penetración tisular y en biofilms. Pero ¡ojo! toxicidad hematológica y
neurológica en tratamientos prolongados.
Tetraciclinas (Doxiciclina,
Minociclina): Aunque menos discutidas en algunos consensos, la doxiciclina ha
mostrado utilidad en infecciones óseas y de prótesis, especialmente con
estafilococos.
Mi Toque
Personal: La Paciencia del Infectólogo y el Poder de la Minociclina en la
Fístula Crónica
Como verán, la
osteomielitis crónica y las infecciones de prótesis son un dolor de cabeza, una
sinfonía de complejidad. Por años, he visto llegar a mi consultorio estos casos
de fístulas que no cierran, con pacientes frustrados, a veces ya sin la
prótesis, otras veces con ella, pero siempre con la persistencia de una
infección que los consume.
Y aquí les
comparto una experiencia que, si bien no figura en grandes ensayos clínicos
randomizados, me ha dado resultados que me permiten dormir tranquilo, y a mis
pacientes, vivir mejor. Cuando recibo estos casos de fístulas crónicas, con el
paciente clínicamente estable, sin fiebre, sin signos de inestabilidad de la
prótesis, si aún la tiene, y la evidencia de inflamación subclínica
(leucocitos, PCR, VSG elevados, pero no alarmantes), mi enfoque es:
Minociclina (o Doxiciclina):
Les indico tetraciclinas, específicamente minociclina, porque es relativamente
fácil de conseguir, tiene buena biodisponibilidad oral y se sabe que penetra
bien en hueso y es activa contra los estafilococos. los culpables más frecuentes,
incluso los que están en biofilm.
Duración
Prolongada y Monitoreo Biológico: La mantengo durante un tiempo
considerable, no solo unas semanas. Mi objetivo es que los marcadores de
inflamación se normalicen: que el recuento de leucocitos baje a valores
normales, que la proteína C reactiva (PCR) se normalice, y que la
eritrosedimentación (VSG) esté dentro de valores normales. Esto puede llevar
meses. Lo estudios por imágenes en esta etapa no tienen valor.
La Prueba de
Fuego: El "Mes Sabático" Sin Antibióticos. Una vez que estos
marcadores se han normalizado y la fístula está seca, suspendo el tratamiento
antibiótico durante un mes completo. Es una prueba de fuego para ver si la
infección realmente está controlada.
Reevaluación
Post-Sabático: Pasado ese mes sin antibióticos, repito los análisis
(leucocitos, PCR, VSG).
Si siguen
normales, y el paciente asintomático: ¡le doy el alta! Considero que hemos
logrado el control o la "cura funcional".
Si los valores
vuelven a elevarse o aparecen síntomas: reinstalo el tratamiento, a veces con
la misma estrategia, a veces ajustando, pero siempre volviendo a la idea de la
supresión.
Este enfoque,
basado en la observación y el "arte" de la medicina en la trinchera,
me ha permitido ofrecer una calidad de vida notable a pacientes que de otra
manera vivirían con una fístula supurativa constante o sometidos a cirugías
repetidas. Es una forma de "convivir" con el biofilm, manteniéndolo a
raya.
Conclusión: La Batalla Continúa, la Precisión es Clave, y la Paciencia es una Virtud
Colegas, las
infecciones osteoarticulares crónicas y las asociadas a prótesis son un
verdadero desafío. Requieren un conocimiento profundo de la microbiología, un
diálogo constante con la cirugía (¡el desbridamiento es tan importante como el
antibiótico!), y una paciencia de monje. No existe una "bala mágica"
única, y la individualización del tratamiento es la clave.
Mis consejos finales:
Piensen en el
Biofilm: Entiendan que el microbio no está "nadando libre". Está
protegido en una fortaleza. Eso cambia la lógica del tratamiento.
Diagnóstico Preciso y a Tiempo: Busquen muestras de hueso, líquido, biopsias. Y ¡suspendan
antibióticos antes de cultivar!
No subestimen la
Clínica: El dolor y la fístula son señales. La fiebre es un signo tardío.
Antibióticos: El
"Traje a Medida" y la Duración Exacta: Conozcan los antibióticos que
penetran en hueso, que actúan sobre biofilms, como la rifampicina, siempre
combinada. Y entiendan que el tratamiento será prolongado.
Comunicación
Interdisciplinaria: Hablen con el cirujano, con el microbiólogo, con el
rehabilitador. Son un equipo.
Confíen en su
Observación y Juicio: Las guías son cruciales, pero la clínica, el seguimiento
del paciente, y a veces, un enfoque pragmático basado en la experiencia, les darán herramientas adicionales
para esos casos desafiantes.
En esta guerra
silenciosa, la paciencia, la observación aguda y la combinación de ciencia y
arte son sus mejores armas.
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