Micología Médica: El Reino de los Hongos. La Lógica del Diagnóstico Fúngico y el Peligro de las Micosis Profundas.
Prepara tu
estetoscopio y tu sentido del asombro, porque estamos a punto de sumergirnos en
el fascinante y, a veces, ¡travieso! mundo de los hongos.
Micología Médica
La Odisea de los Hongos Ocultos
Amigos de la bata
blanca y el insomnio post-guardia, abróchense los cinturones, porque hoy nos
zambullimos en un reino tan vasto como ignorado, tan vital como misterioso: el
de la micología médica.
Sí, esa rama que
a menudo se nos escapa entre diagnósticos de "eccema atípico" y
"dermatitis seborreica rebelde", mientras el verdadero culpable, un
silencioso inquilino fúngico, se ríe a carcajadas de nuestras cremas triples.
¡Es hora de darle a los hongos el respeto (y el miedo) que se merecen!
Mis maestros,
aquellos faros en la niebla diagnóstica, como los Dres. Ricardo Negroni, Jorge
Finkelievich, Magdalena Mangiaterra y Gustavo Giusano, siempre lo decían: si no
las pensamos, ¡las micosis no existen! Y cuánta razón tenían. Gracias a ellos,
pude desvelar el misterio de la esporotricosis que danzaba en la piel, la rinoporidiosis
que se escondía en las mucosas, la paracoccidioidomicosis que susurraba en los
pulmones, la histoplasmosis que imitaba mil males, o los micetomas que se
manifestaban con sus granos reveladores. Son enfermedades que exigen un ojo
clínico agudo y, claro, un laboratorio que sea nuestro cómplice, nuestro
detective privado. ¡El microbiólogo no es solo un contador de células, sino un
oráculo que puede sugerir el camino a seguir!
Y hablando de
caminos, el de los tratamientos... bueno, digamos que es un sendero con más
baches que un diagnóstico inicial sin sospecha fúngica. Llevamos treinta años
con la misma escasez de antifúngicos útiles y accesibles. Han aparecido
"novedades", sí, como estrellas fugaces que se desvanecen antes de
llegar a la farmacia de barrio. Y para colmo, la resistencia a los azoles nos
persigue como una sombra. Pero no nos desanimemos, porque conocer al enemigo es
el primer paso para vencerlo.
Las Micosis en la Era Moderna: De Oportunistas a Protagonistas Indeseados
Si hace veinte
años alguien les hubiera dicho que los hongos serían más protagonistas que
muchos Gram negativos en los hemocultivos, tal vez habrían levantado una ceja.
Pero la realidad es porfiada, y las micosis oportunistas han escalado
posiciones en el ranking de infecciones. La Candida, esa levadura ubicua que
vive en nosotros cual roommate insospechado, ahora ocupa el segundo puesto en
hemocultivos, solo superada por el Staphylococcus aureus (¡y a veces ni
eso!).
| Candida sp |
La micología,
antaño vista como una ciencia "oscurantista", es hoy un campo de
batalla donde el equilibrio entre hongo y hospedero se ha roto con la irrupción
de la inmunosupresión. Antes hablábamos de huéspedes "normales" (¿un
etilista grave o un desnutrido son "normales"?), y ahora la línea se
difumina frente a pacientes con leucemia, trasplantados y pacientes con SIDA.
¡Todos somos, en cierto modo, inmunocomprometidos en potencia ante el hongo
adecuado!
Coccidioidomicosis: El Polvo que Mata
En Argentina, la
coccidioidomicosis es casi un mito, una joya rara en nuestra clínica. Nuestra
zona endémica es tan desolada que ver un caso es como avistar un pingüino en el
desierto. Pero en la soleada costa oeste de EE. UU., donde se superpone con la
endemia del SIDA, ¡la coccidioidomicosis es una epidemia en sí misma! Más de
10.000 casos anuales, con formas pulmonares y cutáneas que no perdonan, y un
20% que termina en meningitis mortal. ¡Un recordatorio de que las fronteras no
detienen a los esporos!
Histoplasmosis: La Argentina que No Copia a Nadie
Si de
histoplasmosis hablamos, ¡Argentina tiene su propio estilo! Mientras los
anglófilos se nutren de la literatura americana (epidémica, aguda, pulmonar),
nuestra histoplasmosis argentina es terca, crónica, con un amor particular por
la piel y las mucosas. No es que el hongo sea distinto, es que se expresa con
su propia idiosincrasia. Y aunque afecta al 6% de los pacientes con SIDA, su
asociación con la paracoccidioidomicosis es tan rara como encontrar un médico
que ame las guardias nocturnas.
| Histoplasma capsulatum - AJC1 del Reino Unido Creative Commons |
Criptococosis: La Levadura Camaleónica de la Meninge
De dos o tres casos al año a cuatro o cinco por semana en el
Hospital Muñiz, especialmente en pacientes con SIDA. El Cryptococcus neoformans
es un maestro del disfraz. Su manifestación meníngea es la reina, pero en SIDA,
la piel se llena de lesiones que recuerdan al molusco contagioso. Si ven una
lesión cutaneomucosa rara en un inmunocomprometido, ¡piensen en histoplasma o
criptococo! Y por favor, ¡escarifiquen toda lesión sospechosa! No seamos de los
que "inician tratamientos empíricos" sin una pizca de ciencia.
Y no, la
meningitis criptocócica no siempre es el cuadro de libro con rigidez de nuca y
vómitos en chorro. A menudo, el paciente "viene caminando", con una
simple cefalea o un cambio de carácter. Si tiene SIDA, ¡la punción lumbar es
obligatoria! Y el líquido cefalorraquídeo puede ser un enigma: glucosa normal o
baja, proteínas altas o normales, celularidad variable. Menos mal que el
antígeno de Cryptococcus en LCR y sangre es un faro de luz en esta oscuridad
diagnóstica, con una sensibilidad y especificidad que rozan la perfección. ¡Y
sí, a veces, los hemocultivos gritan "criptococo" sin necesidad de artilugios,
rompiendo el mito de que "todo hongo en hemo (+) es cándida por
decreto"! El contexto, queridos colegas, ¡el contexto!
Aspergilosis: La Maldición de los Neutropénicos y la Bola Fúngica
Nuestro aire está
lleno de Aspergillus, más que de buenas intenciones. Un 16% de la flora fúngica
ambiental son Aspergilus, y con 200.000 especies de hongos, ¡la probabilidad de
infección es alta!
La aspergilosis
intracavitaria, ese "aspergiloma" que se acurruca en las cavidades
pulmonares post-tuberculosas como un inquilino no deseado, solía ser el pan de
cada día. Hoy disminuye, no se sabe bien por qué, pero sigue siendo un dolor de
cabeza, literalmente. Estos pacientes, con hemoptisis a cuestas, tienen una
"bola fúngica" que no invade el pulmón, pero que sangra como si no
hubiera un mañana. La única solución es la quirúrgica, porque ningún
antifúngico se atreve a penetrar ese nido de hongos. ¡La muerte, a menudo,
llega por hemorragias cataclísmicas!
Pero la verdadera
pesadilla es la aspergilosis en neutropénicos. Nuestros macrófagos alveolares
son buenos barrenderos de esporas, pero solo los neutrófilos son los policías
capaces de controlar al Aspergillus en su forma vegetativa. Cuando hay obras en
el hospital, jardines cercanos o aires acondicionados que no se limpian, ¡el
riesgo se dispara! Un neutropénico con fiebre que no responde a los
antibióticos tras seis días, ¡griten "Anfotericina B"! Porque si no
recupera neutrófilos, la muerte es un desenlace casi seguro. Es un diagnóstico
difícil, a menudo sin estudios invasivos, pero cuando el paciente se cura, ¡no
deja secuelas! Eso sí, las recaídas son una constante, obligando a la
profilaxis desde el "día menos uno" de la nueva inducción.
Mucormicosis: La Urgencia Micológica del Diablo
Si hay una
micosis que grita "¡emergencia!", es la mucormicosis
rinosinuso-órbito-cerebral. Pobre diabético cetoacidótico con esa secreción
sanguinolenta en la región malar... es un reloj de arena que se vacía
rápidamente. Se disemina a la base del cráneo, invade los vasos, y en un abrir
y cerrar de ojos, la muerte golpea la puerta. En EE. UU., una campaña de
concientización entre traumatólogos redujo la mortalidad del 98% al 50%. ¡El
secreto está en drenar precozmente! La cirugía es la clave, porque la
Anfotericina B, para los mucorales, es más un "placebo moral" que un
arma efectiva.
Fusariosis e Hialohifomicosis: La Piel como Espejo de la Infección
La fusariosis,
causada por el Fusarium, es la reina de las lesiones cutáneas necróticas en
neutropénicos, un impacto metastásico que se confunde con todo. Crece rápido,
como un hongo blanco, pero su resistencia a la Anfotericina B es su arma
secreta.
Las hialohifomicosis,
por su parte, son micosis producidas por hongos de paredes hialinas que, al
igual que un dolor de muelas persistente, generan lesiones ampollosas que no
curan con antibióticos. Comunes en trasplantados o jardineros inmunosuprimidos
con heridas. Los hongos negros que las causan tienen escasa sensibilidad a los
antifúngicos, salvo la 5-Fluorcitosina (¡que ya no se fabrica, para nuestra
desgracia!) asociada a Anfotericina B. ¡Y cuidado con el Trichoderma glaucus!
Ese "contaminante" que puede llevar a una sepsis fatal, como la de
esa pobre señora de Mendoza.
Paracoccidioidomicosis: La "Rueda de Timón" que Viaja por el Cuerpo
Esta micosis profunda que, en nuestra América Latina, es
más común que el mate en una reunión de amigos está causada por el Paracoccidioides
brasiliensis, un hongo dimórfico que en el cuerpo se transforma en una levadura
grande y multigemante, ¡con una forma que recuerda a la "rueda de
timón" o la "estrella de David" si la miramos con cariño y un microscopio
potente!
Esta enfermedad
es un camaleón clínico. Puede presentarse como una lesión cutánea o
mucocutánea, a menudo en la boca, la nariz o la faringe, que se ulcera y no
cicatriza, ¡confundiéndose con un cáncer! Pero también puede ser pulmonar, simulando
una tuberculosis o una neumonía atípica, o diseminarse por todo el cuerpo,
afectando ganglios, huesos, e incluso el sistema nervioso central. Es una
micosis de los trabajadores rurales, de los que respiran el polvo de la tierra
donde el hongo habita. El diagnóstico es clave: buscar esas levaduras
características en el examen directo de las lesiones o en los esputos. Y el
tratamiento, ¡un compromiso a largo plazo con el Itraconazol o la Anfotericina
B!
| Adenitis supurada por Paracoccioides. Este paciente lo atendí cuando |
| En la pierna tenía una fístula que supuraba, lo habían tratado con amoxicilina sin resultados favorables. En una Rx de la pierna se descubrió un sacabocados. |
| Signos de secuestro óseo. En la histopatología se confirmó el diagnóstico de Paracoccioidomicosis ósea |
| En los pulmones no había signos diferentes a los de una TBC. Ver adenomegalias parahiliares y nódulos |
Rinosporidiosis: El "Pólipo de la cuneta" que Sangra
Y qué decir de la
rinosporidiosis, esa micosis que nos regala pólipos friables y sangrantes,
especialmente en la nariz o la conjuntiva. Causada por el Rhinosporidium
seeberi, un microorganismo que durante mucho tiempo fue un enigma taxonómico,
¡ni hongo ni alga, sino todo lo contrario! Ahora sabemos que es un parásito
acuático, y de ahí su asociación con baños en lagunas, ríos o piscinas
contaminadas.
La lesión típica
es un pólipo rojizo, lobulado, con una superficie granulosa salpicada de
pequeños puntos blancos o amarillentos, que son los esporangios maduros llenos
de esporas. ¡Son como pequeñas perlas de caviar micótico! La rinosporidiosis es
indolora, pero puede causar obstrucción nasal, epistaxis recurrente o, si
afecta el ojo, conjuntivitis crónica. El diagnóstico es puramente
histopatológico, buscando esos esporangios gigantes y sus endosporas en el
tejido. Y el tratamiento, ¡la extirpación quirúrgica es la reina, a veces con
cauterización para evitar recidivas! Los antifúngicos sistémicos tienen un
papel limitado, lo que hace que la cirugía sea nuestra mejor arma.
| Los que atendí personalmente eran niños que se bañaban en una cuneta cuando llovía, las lesiones eran nasales. Esta en el ojo también debe operarse. Ahora dicen que no es un hongo |
La Lucha Antifúngica: Más que Quitarse un "Honguito" con una Crema
Nuestras armas
contra los hongos son pocas y valiosas. La Anfotericina B, esa vieja dama
potente, sigue siendo el "gold standard", aunque su toxicidad es
legendaria. La 5-Fluorocitosina, un fracaso como quimioterápico, resultó ser
una joya antifúngica, pero su resistencia la relegó. Los imidazólicos
(Miconazol, Ketoconazol) y luego los triazólicos (Itraconazol, Fluconazol) abrieron
una nueva era de tratamientos orales. Y ahora, las equinocandinas, que atacan
la pared celular fúngica, prometen ser la nueva esperanza, aunque tardarán en
llegar a nuestras manos.
Pero la
resistencia es el monstruo que crece en las sombras. Dosis subóptimas,
tratamientos incompletos y profilaxis irracionales son los padres de esta
bestia. ¡Estamos seleccionando una flora resistente, haciendo desaparecer a los
hongos sensibles! Hay resistencia primaria a la Anfotericina B (Scedosporium,
Candida lusitaniae), y los azoles se encuentran con el muro de Candida crusei y
los mucorales. Y la resistencia secundaria en Candida y Cryptococcus neoformans
en pacientes con SIDA, ¡es un verdadero dolor de cabeza! Los mecanismos son
complejos, desde la pérdida de permeasas hasta la alteración de enzimas clave
en el metabolismo fúngico.
Las pruebas de
sensibilidad in vitro para hongos son limitadas y no siempre extrapolables a la
clínica. El famoso macrométodo por dilución para levaduras solo nos da un
panorama epidemiológico, no una guía infalible para cada paciente. ¡Aquí la
clínica manda!
Micosis Intermedias: Cuando el Hongo se Queda a Vivir en la Piel
Estas micosis,
que se adentran en la piel y el tejido celular subcutáneo sin ganas de viajar
más allá, entran por una pequeña puerta: un traumatismo.
Esporotricosis:
El "Chancro del Jardinero" y el Secreto de la Mulita
La
esporotricosis, esa enfermedad que nos regala nódulos gomosos que siguen el
camino de los vasos linfáticos, como cuentas de un rosario. El "chancro de
inoculación" en la mano es su tarjeta de presentación. En Uruguay, ¡es
casi un deporte nacional asociado a la caza de mulitas! El hongo se inocula al
sacar al animal de la cueva, y en quince o veinte días, ¡voilà! El síndrome
linfangítico. Pero también puede ser una forma cutánea fija, una úlcera facial
que se confunde con un tumor. Su diagnóstico es un reto, ya que encontrar las
levaduras en el examen directo es más difícil que ganar la lotería. Pero el
yoduro de potasio, ese viejo remedio de 1910, ¡sigue siendo el tratamiento de
elección!
| A este paciente también lo traté. Tomar muestra de las lesiones es fundamental Ver las lesiones arrosariadas que pueden terminar en adenopatías regionales |
Cromomicosis: La "Coliflor" que Crece Lenta y Obstinada
La cromomicosis,
o micosis verrugosa, es como una coliflor que crece sin prisa pero sin pausa en
la piel, cubierta de gruesas costras. Típica de zonas tropicales, tiene una
evolución tan lenta que el paciente consulta cuando la lesión ya es una obra de
arte. El diagnóstico se hace buscando los cuerpos esclerotales en las escamas,
esas levaduras que se fragmentan como pequeños huevos. Y el tratamiento, ¡ay, el
tratamiento! Poco sensibles a los antifúngicos, a menudo requieren cirugía y
combinaciones prolongadas de Anfotericina B e Itraconazol con 5-Fluorocitosina.
¡Y aun así, la recidiva es del 80%!
Micetomas: Los Tumores que Drenan Granos
Los micetomas,
esos tumores duros que se fistulizan y drenan pus con granos, son el terror de
los trabajadores rurales. En Tucumán, el hombro de los cañeros a menudo es su
blanco. Pueden ser por bacterias (Nocardia) o por hongos. El diagnóstico es
clave para el tratamiento: trimetoprima-sulfametoxazol para las Nocardias, y
tratamientos prolongados para los micetomas fúngicos.
El Dilema de la Candidiasis: Más que una Simple Infección
La Candida, esa
omnipresente levadura, es la responsable del 50% de las patologías fúngicas en humanos.
Es como el semáforo de nuestro cuerpo: si se altera, ¡algo anda mal! Un
intertrigo candidiásico en el tercer espacio interdigital de la mano, por
ejemplo, ¡es casi patognomónico de diabetes!
En los pacientes
con SIDA, la candidiasis oral es una plaga, transformándose en un verdadero
calvario que impide la deglución. Aquí, no vale la libre interpretación; hay
que tipificar la Candida y ser racional con los antifúngicos, porque la
resistencia no perdona.
Y la candidiasis
diseminada, esa fiebre en un paciente con antibióticos adecuados, ese fondo de
ojo patológico, esa flebitis... es indistinguible de una sepsis bacteriana. La
sospecha clínica es vital, porque el aislamiento de Candida en hemocultivos es más
esquivo que un diagnóstico temprano. El Fluconazol es el rey del tratamiento,
junto con la remoción de catéteres.
Las "Recetas de Cocina" del Dr. Finkelievich: Una Guía para no Morir en el Intento
Para las
candidiasis sistémicas, la Anfotericina B sigue siendo la vieja confiable, o el
Fluconazol a dosis generosas. Para las superficiales, un tratamiento local para
las primeras escaramuzas, pero sistémico para las recidivas. En las orales y
esofágicas del paciente con SIDA, el Miconazol en gel o la Anfotericina B en
"disolvetas" (o a la vieja usanza, diluida y tragada con jugo, ¡con
su gusto asqueroso!). Y el Fluconazol, ¡no menos de 150-200 mg/día!
Para la
criptococosis meníngea, Anfotericina B a dosis heroicas, seguida de Fluconazol
de por vida en pacientes con SIDA. Y para las aspergilosis, si es
intracavitaria, ¡al quirófano! Y en las invasivas, Anfotericina B o su versión
liposomal (¡más cara que un trasplante de riñón!).
La mucormicosis,
esa pesadilla, solo se resuelve con cirugía y un "pour la gallerie"
de Anfotericina B. Y los hongos pigmentados, esos "gran bolsa de
gatos", son un dolor de cabeza para el tratamiento.
La Micología Médica en el Siglo XXI: Nuevos Retos y Nombres Curiosos
La micología
médica es un campo vibrante y en constante cambio. La proliferación de
pacientes inmunocomprometidos ha disparado la incidencia de micosis. La
aparición de especies "emergentes" y la creciente resistencia a los
antifúngicos, incluso por el uso de pesticidas triazólicos en la agricultura,
nos obligan a estar en guardia. La Candida auris, con su resistencia a
múltiples fármacos, es un claro ejemplo de este nuevo panorama.
La taxonomía
fúngica también ha entrado en una era de revolución. Desde la declaración de
Ámsterdam de 2011, que proclamó "un hongo, un nombre", muchos de
nuestros viejos amigos han cambiado de identidad. ¡Imaginen el caos en el
laboratorio cuando la Candida glabrata se convierte en Nakaseomyces glabrata!
Es un desafío para los clínicos acostumbrados a la vieja guardia, pero es un
paso necesario para la precisión. Así que, mientras nos familiarizamos, podemos
seguir usando la vieja nomenclatura entre paréntesis y en minúscula, como un
guiño cómplice a la tradición.
Nakaseomyces
glabrata (candida glabrata)
Pichia
kudriavzevii (candida krusei)
Neocosmospora
solani (fusarium solani)
Lomentospora
prolificans (scedosporium prolificans)
Histoplasma capsulatum sensu stricto (histoplasma
capsulatum var. capsulatum)
Sporothrix brasiliensis (sporothrix schenckii)
Recursos como
MycoBank (https://www.mycobank.org) son útiles para consultar la nomenclatura
actualizada y las descripciones de las especies.
Conclusión
En definitiva,
colegas, la micología médica no es solo una rama de la medicina; es una
filosofía diagnóstica. Es la capacidad de mirar más allá de lo obvio, de
escuchar al cuerpo cuando nos habla en un lenguaje fúngico, y de tener la
humildad de recurrir al laboratorio. Porque en este juego de detectives, el
hongo siempre tiene una historia que contar, y nosotros somos los encargados de
desentrañarla.
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