Alexander Fleming
El Hongo del Descuido y el Milagro de la Penicilina
La épica historia del hombre que vio el futuro en una placa de cultivo contaminada
Introducción: La Búsqueda que Terminó en el Polvo
Estimados colegas jóvenes,
Si Semmelweis nos enseñó a prevenir y Pasteur a entender, Alexander Fleming nos enseñó a curar lo que la bacteria ya había infectado. Fleming, un bacteriólogo escocés, no estaba buscando un medicamento; Estaba, como tantos genios, buscando otra cosa o, en este caso, simplemente descansando.
La historia de la penicilina es la prueba de que la agudeza clínica no es solo una mente brillante, sino la capacidad de ver el valor en un error o un accidente .
| Fleming 1943 |
La Clave está en las Vacaciones - El Moho Olvidado
El evento ocurrió en 1928, en el Hospital St. Mary de Londres, después de que Fleming regresara de unas vacaciones.
- El Descuido: Fleming tenía una placa de cultivo abierta con la bacteria Staphylococcus que, por un descuido o una ventana abierta, se contaminó con esporas de moho (hongo) que flotaban en el aire.
- La Observación Crítica: Mientras se preparaba para tirar la placa contaminada, Fleming notó algo extraordinario: alrededor del moho, no había crecimiento de Staphylococcus. Había un halo de claridad donde la bacteria había sido eliminada.
- La Conexión: Fleming no solo vio el moho; vio la sustancia que el moho estaba produciendo para defender su territorio. Llamó a esa sustancia Penicilina (porque provenía del hongo Penicillium notatum).
El Legado Olvidado y el Regreso Triunfal
Fleming fue un genio de la observación, pero no de la farmacéutica. Él no logró purificar la penicilina para usarla como medicamento. Durante más de una década, la Penicilina fue solo una curiosidad de laboratorio.
El Milagro: No fue hasta la década de 1940 que otros científicos (Howard Florey y Ernst Chain) lograron purificarla y demostrar su efecto sistémico. Su trabajo salvó innumerables vidas en la Segunda Guerra Mundial, y los tres compartieron el Premio Nobel.
Conclusión: La Inmortalidad del Ojo Curioso
Colegas, la historia de Fleming es un recordatorio de que la genialidad se esconde en la curiosidad. La Penicilina, el cimiento de toda nuestra terapéutica, fue descubierta no por un diseño perfecto, sino por un moho accidental y la capacidad de un hombre para ver lo que otros hubieran tirado a la basura. Que esa curiosidad y esa capacidad de asombro guían siempre su práctica.
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